Magüi Carratalá

Lo femenino y lo insular como actitud se anudan a estos hilos trenzados por las manos que se convierten aquí en órganos de comunicación.

Con un planteamiento valiente y creativo, Magüi Carratalá sustituye la urdimbre tradicional por el metacrilato para explorar el juego de la transparencia, donde la materia, la línea y la luz reflejada abren una nueva dimensión táctil y espacial.

Una búsqueda constante más allá del espejo donde el tapiz abandona el plano bidimensional para erigirse como estructura, objeto y escultura en consonancia con el espíritu más vanguardista.

Donde el tapiz se convierte en arte: una indagación profunda en la materia, la transparencia y el volumen que redefine las posibilidades expresivas del tejido contemporáneo.

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La Obra

Según Alexander Cirici, «la palabra artesanado tiene tres significados diferentes. Designa un modo de producción basado en un utillaje primitivo y un trabajo en gran parte manual, según materiales, procedimientos y morfologías tradicionales. En este sentido se confunde con los oficios. Designa también una actividad considerada artística, que desarrollan aquellos que a partir de las tecnologías tradicionales de las fibras textiles, del vidrio y la cerámica, de los metales, de la madera, del mosaico, etc., realizan creaciones inventadas por ellos y a menudo íntimamente relacionadas con los programas y las formas de la pintura y de la escultura. Designa asimismo una actividad de retorno al pasado y de rechazo a lo industrial, movida especialmente por finalidades políticas que tienden a aislar los contenidos culturales dentro de un espiritualismo convencional para preservarlo de la contaminación racionalista de lo moderno».

La obra que, como tapicera, desarrollo queda mejor situada en la posibilidad artesana que Cirici Pellicer contempla en segundo lugar. Pues, subida al carro de la contemporaneidad, la tapicería ha perdido los lindes que la acotaban. Es lógico en una época en que los compartimentos estancos de las artes han quedado sobrepasados. La seducción de la materia y unas ilimitadas posibilidades de innovación son los elementos que me han atraído como a otros muchos artistas que generalmente no proceden del campo estricto del tapiz tradicional.

El camino experimental que iniciara Lurçat en Francia y Suiza y que encontrara tanto eco en Europa y América es una vía que ha dado unos frutos sumamente sugestivos.

En cierto momento, la Bienal de Lausana sirve de punto de referencia obligado, al ofrecer en sus sucesivas ediciones una completa panorámica de lo que ya, bajo la rúbrica de tapiz, se viene haciendo en el mundo. Dándose una sorprendente confrontación de tendencias, escuelas y conceptos. El tapiz como objeto plano, realizado con la técnica del entrecruzado de hilos y que cumple una función decorativa queda desbordado por la realidad presente.

El tapiz planteado como objeto artístico no renuncia a los aspectos decorativos tan próximos a mucho de lo que se ha venido haciendo en el arte contemporáneo. Queda lejos la dependencia de un original pictórico, como había sido durante siglos y, por otro lado, no necesita de la pared como superficie sustentadora. Así, junto a tapices quizás más convencionales, rectangulares, dotados de volumen o no, aparecerán los montajes atrevidos, las instalaciones y los "ambientes" o "performances".

En España se va a crear un estilo bastante definido, sujeto al empleo de ciertas técnicas y a una estética muy matérica. Cataluña por su larga tradición textil será la pionera, donde proliferarán talleres, escuelas y artistas. En el resto de España se irán difundiendo estas ideas que luego el interés y la información se encargarán de matizar y hacer evolucionar.

Mi trabajo en el tapiz lo concibo como una investigación permanente, una situación de búsqueda. Hay un reto en la utilización de materiales inéditos en el tapiz y en su ubicación espacial, que intenta una expresividad personal. Técnica, conjunción de materiales diversos y situación espacial, son las coordenadas básicas por las que transcurre mi trabajo.

El tapiz abandona el muro para conquistar el espacio tridimensional. Magüi Carratalá desafía el plano bidimensional tradicional convirtiendo el tejido en objeto, estructura y escultura exenta que dialoga directamente con la arquitectura que la rodea.

A través de pliegues, tensiones, volúmenes y geometrías suspendidas, las obras invitan al espectador a recorrerlas desde múltiples perspectivas, descubriendo capas ocultas y tensiones entre la rigidez del soporte y la flexibilidad de la fibra.

La investigación sobre los materiales constituye uno de los ejes fundamentales en el trabajo de Magüi Carratalá. Al sustituir la urdimbre tradicional por láminas y estructuras de metacrilato, la artista rompe con los límites impuestos por el telar clásico y abre el tapiz al juego de la transparencia y el reflejo.

En estas piezas, la luz deja de ser un elemento meramente iluminador para convertirse en materia viva: atraviesa el entramado de hilos, genera sombras proyectadas y transforma la percepción de la obra según el ángulo de visión y la luz ambiental del espacio.

El acto de tejer, entrelazar y anudar hilos conecta directamente con un saber ancestral arraigado en la memoria colectiva e individual. En la propuesta de Carratalá, la condición insular y lo femenino no son simples temas iconográficos, sino una actitud vital y una metodología de trabajo.

Las manos se transforman en órganos de comunicación capaces de transmitir emociones, vivencias y relatos a través del tacto, la textura y la tensión del hilo. Cada nudo representa un instante guardado, una pausa en el tiempo y un vínculo con el territorio interior y exterior.

A lo largo de su carrera, Magüi Carratalá ha mantenido una búsqueda constante caracterizada por la independencia de criterio y la valentía conceptual. Desde sus primeras indagaciones en las técnicas textiles tradicionales hasta su consolidación dentro del arte contemporáneo multidisciplinar, su trabajo refleja una evolución coherente e ininterrumpida.

Su obra ha sido expuesta en galerías, museos e instituciones culturales, situándola como una figura referente en la renovación del arte textil contemporáneo y en la convergencia entre artesanía de vanguardia, escultura y artes plásticas.

Tras años de trayectoria dedicados al arte textil, Magüi Carratalá comenzó una nueva etapa creativa. Mediante la superposición de retratos icónicos de la historia del arte —desde el Renacimiento tardío o el retrato romano hasta figuras emblemáticas de la ciencia y la cultura— con fragmentos y texturas contemporáneas, la artista genera un diálogo anacrónico sobre el poder, el tiempo y la memoria.

Estas obras intervenidas desmontan la solemnidad de las imágenes históricas para reflexionar sobre la transitoriedad de la existencia, el desdoblamiento del rostro y la multiplicidad de miradas que habitan en la identidad contemporánea.

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