Según Alexander Cirici, «la palabra artesanado tiene tres significados diferentes. Designa un modo de producción basado en un utillaje primitivo y un trabajo en gran parte manual, según materiales, procedimientos y morfologías tradicionales. En este sentido se confunde con los oficios. Designa también una actividad considerada artística, que desarrollan aquellos que a partir de las tecnologías tradicionales de las fibras textiles, del vidrio y la cerámica, de los metales, de la madera, del mosaico, etc., realizan creaciones inventadas por ellos y a menudo íntimamente relacionadas con los programas y las formas de la pintura y de la escultura. Designa asimismo una actividad de retorno al pasado y de rechazo a lo industrial, movida especialmente por finalidades políticas que tienden a aislar los contenidos culturales dentro de un espiritualismo convencional para preservarlo de la contaminación racionalista de lo moderno».
La obra que, como tapicera, desarrollo queda mejor situada en la posibilidad artesana que Cirici Pellicer contempla en segundo lugar. Pues, subida al carro de la contemporaneidad, la tapicería ha perdido los lindes que la acotaban. Es lógico en una época en que los compartimentos estancos de las artes han quedado sobrepasados. La seducción de la materia y unas ilimitadas posibilidades de innovación son los elementos que me han atraído como a otros muchos artistas que generalmente no proceden del campo estricto del tapiz tradicional.
El camino experimental que iniciara Lurçat en Francia y Suiza y que encontrara tanto eco en Europa y América es una vía que ha dado unos frutos sumamente sugestivos.
En cierto momento, la Bienal de Lausana sirve de punto de referencia obligado, al ofrecer en sus sucesivas ediciones una completa panorámica de lo que ya, bajo la rúbrica de tapiz, se viene haciendo en el mundo. Dándose una sorprendente confrontación de tendencias, escuelas y conceptos. El tapiz como objeto plano, realizado con la técnica del entrecruzado de hilos y que cumple una función decorativa queda desbordado por la realidad presente.
El tapiz planteado como objeto artístico no renuncia a los aspectos decorativos tan próximos a mucho de lo que se ha venido haciendo en el arte contemporáneo. Queda lejos la dependencia de un original pictórico, como había sido durante siglos y, por otro lado, no necesita de la pared como superficie sustentadora. Así, junto a tapices quizás más convencionales, rectangulares, dotados de volumen o no, aparecerán los montajes atrevidos, las instalaciones y los "ambientes" o "performances".
En España se va a crear un estilo bastante definido, sujeto al empleo de ciertas técnicas y a una estética muy matérica. Cataluña por su larga tradición textil será la pionera, donde proliferarán talleres, escuelas y artistas. En el resto de España se irán difundiendo estas ideas que luego el interés y la información se encargarán de matizar y hacer evolucionar.
Mi trabajo en el tapiz lo concibo como una investigación permanente, una situación de búsqueda. Hay un reto en la utilización de materiales inéditos en el tapiz y en su ubicación espacial, que intenta una expresividad personal. Técnica, conjunción de materiales diversos y situación espacial, son las coordenadas básicas por las que transcurre mi trabajo.